Una compra compartida puede incluir fruta que una persona utiliza a diario y otra apenas prueba. El problema no se resuelve necesariamente aumentando el tamaño del pedido: a veces basta con cambiar su composición.
Entre las cajas mixtas puedes consultar diferentes combinaciones. Para decidir, escribe quién suele comer cada producto y en qué momento. Si nadie tiene previsto utilizar uno de los componentes, esa mezcla añade cantidad, pero no utilidad.
Prueba a separar las preferencias de las costumbres. Que a alguien le guste el aguacate no significa que lo prepare todas las semanas; que otra persona tome naranja habitualmente no implica que quiera destinarla toda a zumo.
Cuando encargas fruta para una vivienda compartida, confirma también quién se hará cargo de recibirla y repartirla. Comprar juntos puede simplificar la organización, siempre que la caja no quede pendiente de abrir porque cada persona pensaba que lo haría otra.