La caja de naranjas y limones puede encajar si, además de comer fruta, preparas aliños, verduras al horno o platos a los que añades un toque cítrico. Son dos ingredientes con ritmos de consumo diferentes: conviene mirar su reparto antes de elegir el formato.
El limón se puede dosificar poco a poco. Empieza con una cucharadita de zumo en una preparación pequeña, mezcla y prueba antes de añadir más. La acidez resulta más fácil de ajustar de forma gradual que de corregir cuando ya domina el plato.
La naranja aporta otro perfil. Puedes incorporar sus trozos a unas hojas verdes o utilizar parte de su zumo en una salsa. Si la receta se calienta, añade la ralladura cerca del final para conservar mejor su aroma y evita arrastrar demasiada parte blanca, que puede aportar amargor.
No hace falta ampliar tu recetario para justificar la compra. Basta con que la combinación tenga un lugar claro en dos o tres preparaciones que ya haces.